Archivo de la categoría ‘Paleontología’
¿Liquen o animal? una controversia ediacarense
Los más icónicos organismos del Ediácara son habitualmente clasificados en un Reino incierto (Incertae sedis), es decir, no se sabe siquiera si son animales, plantas u hongos. Desde siempre los científicos han planteado numerosas hipótesis para explicar a cuáles grupos y a cuáles no pertenecen los fósiles de este periodo y cuál es su filiación con la fauna posterior.
Hace unas semanas apareció en nature una interesante publicación sobre una hipótesis un poco atrevida de un tal Gregory Retallack (nunca había oído hablar de él :-). La mayoría de los organismos de la famosa fauna ediacarense están, en su mayoría, inconexos con la posterior explosión de la fauna del Cámbrico, organismos como Dickinsonia o Spriggina han estado sujetos a todo tipo de especulaciones, que si era un coral, que si era un gusano segmentado, o que si era un cnidario, pero todos asumíamos que eran “animales” (invertebrados marinos). La hipótesis de Retallack propone que estos fósiles no solo no eran marinos sino ¡terrestres! y que además tampoco eran “animales” sino ¡líquenes!.
Las pruebas y la comunidad científica no parecen darle mucho crédito a las especulaciones de Retallack, tal como dice mi amigo @entomoblog parece que…, “le están dando sopapos por todos los frentes“, sobre todo al hecho de defender que la vida “compleja” se originó en tierra y luego migró al mar…, algo que parece que es ya pasarse de radical, frente al modelo imperante que todos conocemos de la vida evolucionando en el mar hasta colonizar la tierra firme.
Nyasasaurus, ¿de dónde has salido?

Imagen del Natural History Museum.
Hace tan sólo unas horas que ha sido publicado el nuevo análisis de Nyasasaurus y ya ha saltado por toda la red (especialmente curioso es el titular de EuropaPress). En todas partes se habla de que podría tratarse del primer dinosaurio, ¿pero de dónde ha salido Nyasasaurus? Al parecer sus restos fueron recogidos en los años 30 en Tanzania y llevados a Londres (igual que habían hecho los alemanes llevándose los fósiles, continuaron los ingleses cuando se hicieron con África oriental) donde fueron descritos por primera vez en 1956, aunque dicha descripción no se publicó. En 1967 Alan Charing, que había descrito los fósiles 11 años antes, nombró al dinosaurio en una revista científica, pero sin la debida descripción. Como consecuencia, Nyasasaurus quedó en el olvido. Hasta este año.
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Las huellas de los dinosaurios
Rastro de huellas de un terópodo de gran tamaño (Eubrontes) en EEUU. Crédito Wikipedia.
Los restos fósiles de los dinosaurios son maravillosos. Pocas cosas son más impresionantes que un esqueleto de Brachiosaurus montado o más enigmáticas que unos brazos de Therizinosaurus. No obstante, los huesos no son el único legado que nos han dejado los dinosaurios. Los fósiles traza es como se le llama a los otros “restos” de dinosaurios que han llegado hasta nuestros días. Estos fósiles traza incluyen heces, gastrolitos (piedras estomacales) y huellas fosilizadas. El estudio de las huellas fosilizadas se denomina Paleoicnología o Icnología a secas, y es sin duda algo tan interesante como el estudio de los huesos (o más, puesto que al contrario que los huesos, las huellas te dan una idea de movimiento, como si el dinosaurio hubiera estado ahí hace cinco minutos). Gracias a las huellas de los dinosaurios podemos estudiar aspectos como su locomoción y su comportamiento, pero en este post lo que vamos a analizar es la fosilización de las huellas.
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La Guerra de los Huesos

A la izquierda, Othniel Charles Marsh. A la derecha, Edward Drinker Cope. Fight!
A principios del siglo XIX comenzaba a surgir en Inglaterra el estudio de los dinosaurios, aunque todavía ni siquiera eran conocidos como tales. Naturalistas como William Buckland, Gideon Mantell y Richard Owen describieron a los primeros dinosaurios, entre los que se encuentra Iguanodon, posiblemente el dinosaurio más estudiado de todos y el más común en el registro fósil. Por aquella época los dinosaurios eran considerados reptiles de sangre fría con una actividad metabólica muy escasa, de modo que cumplirían a la perfección el perfil de animal grande y torpe. En 1842 Richard Owen los consideró lo suficientemente especiales como para meterlos en un clado distinto al resto de los reptiles, y acuñó el término Dinosauria. Tras Inglaterra, Estados Unidos se apuntó a la paleontología con Joseph Leidy, considerado como el fundador de la paleontología de vertebrados en EEUU.
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El mayor de los titanes
Algunos saurópodos. De izquierda a derecha: Camarasaurus, Brachiosaurus, Giraffatitan y Euhelopus. Crédito: Wikipedia.
Sin duda, los dinosaurios son los animales terrestres más grandes que han existido sobre la faz de la Tierra, pero, ¿cuál fue el dinosaurio más grande? Esta es una pregunta que casi todos nos hicimos en nuestra infancia, y que no es en absoluto una cuestión fácil de responder. En primer lugar, grande, en una palabra muy poco precisa. Habría que distinguir pues entre el dinosaurio más largo, el más alto, y el más pesado, aunque esto podría coincidir.
Comencemos por el dinosaurio más alto. Lógicamente, tanto para este como para los demás récords que vamos a tratar nos limitaremos a estudiar únicamente a los saurópodos como candidatos, pues este grupo de dinosaurios incluye a todos los “cuellos-largos” que son sin duda los más altos grandes y pesados de los dinosaurios. Para el caso concreto de los dinosaurios más altos, tenemos que centrarnos en el grupo de los braquiosáuridos. Estos dinosaurios no eran especialmente grandes dentro de los saurópodos, pero si eran capaces de levantar el cuello mucho más alto que los demás, lo cual les convierte en los seres más altos que jamás han existido.
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El sapiencentrismo, finalizando.
No hay cosa que me guste más en esta vida que ver la caída de un régimen, ser testigo y percatarme de que el cambio está en marcha mientras los obsoletos se afanan en mantenerse inmóviles, el sapiencentrismo está tocando a su fin, y su caída está llevándose consigo todo lo que había de especial en nosotros, ¡qué lejos andamos ya del “creador”!.
Al principio, cuando el primer neandertal fue descubierto fue considerado uno de los nuestros, un cosaco ruso aquejado de malformaciones óseas, poco después, cuando se advirtieron las diferencias, fue ocupando el lugar que según el contexto del momento le correspondía, un ser cuya condición de “diferente” (diferente=inferior) le condujo a una extinción bien merecida y por varias razones, una por brutalidad y otra por imbecilidad, más otra razón quizás un tanto adicional, nosotros (los sapiens) merecíamos legítimamente ocupar el continente que sería cuna del culmen de los mayores logros humanos, Europa estaba destinada a nosotros y no a los otros.
La ciencia, afortunadamente, desaloja los prejuicios humanos al rincón de los objetos pendientes de tirar al punto limpio de reciclaje, ese cajón de la casa que poco a poco crece en objetos inútiles y que carecen de función alguna sin saber que hacer con ellos (deséchelos!, no los guarde!). Quizás sea excesivamente “Gouldiano” pero creo que el verdadero alcance de los avances científicos y la importancia del conocimiento que genera está casi al mismo nivel del paradigma que entierra.
A los humanos anatomicamente modernos (Homo sapiens sapiens) se les atribuyó la autoría de todas las manifestaciones artísticas encontradas de este planeta, solo nosotros parece que hemos compuesto canciones, pintado grutas o utilizado el cuerpo como lienzo, en definitiva, nosotros somos quienes hemos pintado la Mona Lisa, construido el Partenon y por supuesto creado “el arte”. Nuestros logros se miden en nuestro éxito, por eso nosotros estamos y los ellos (los neandertales) no están. Sin embargo, Homos sapiens y Homo neanderthalensis parecen que tuvieron mucho más en común de lo que se pensaba, hasta hace bien poco nadie creía que tuvieran la capacidad de crear desde la abstracción (algo tan nuestro verdad!). Pintar y representar era algo exclusivo de nuestro patrimonio que aunque nos hibridásemos con ellos, enterraran a sus muertos, o fueran solidarios, ellos no pintaban, carecían de lo más importante, no estaban tocados por la invisible y providente mano de “Dios”.
¿El más grande con plumas?

Yutyrannus, el nuevo tiranosauroideo emplumado de China.
El asunto de los dinosaurios emplumados comenzó a finales de la década de 1990, cuando el descubrimiento de Sinosauropteryx con sus impresiones alrededor del cuerpo levantó una polémica entre los científicos sobre si se trataba de algun tipo de pluma primitiva o de una estructura dérmica. Durante los últimos años ha habido numerosos descubrimientos que han probado la existencia de plumas primitivas en distintos grupos de terópodos y hasta en un ornitópodo. La función de estas protoplumas en los dinosaurios podría ser (en la mayoría de los casos) para ayudar a regular la temperatura corporal, pues muy pocos dinosaurios eran capaces de volar.
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El coloso de Berlín

El Giraffatitan, simplemente impresionante.
El verano pasado tuve el placer de disfrutar de uno de los mejores museos de historia natural de Europa. El Museum für Naturkunde (Museo de Historia Natural) de Berlín. Tal y como hice con la exposición de Dinopétrea, os ofrezco una visita virtual a la sección de dinosaurios del Museum für Naturkunde a través de mis fotos. Son 7 los esqueletos montados de dinosaurios que vamos a ver, entre los cuales se encuentra el esqueleto montado más alto del mundo, el del Giraffatitan brancai (antes Brachiosaurus brancai), además del excepcional fósil de Archaeopteryx lithographica, que sea o no un dinosaurio, es un espécimen precioso. Allá vamos.
La mayoría de los dinosaurios que se exhiben son fruto del colonialismo alemán a finales del siglo XIX, pues proceden de la formación Tendaguru, en Tanzania. Allí los alemanes encontraron algunos restos de vertebrados que se hallaban a la intemperie, lo cual motivó a los colonos a realizar allí una excavación de la que se obtuvieron 250 toneladas de restos fósiles, que fueron trasladados a Berlín. Y es por eso que casi todos lo dinosaurios allí exhibidos son del Jurásico superior (hace unos 150 millones de años) de Tanzania.
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Otra nueva especie humana en Asia
Durante mucho tiempo África colmaba toda la atención de la paleo-antropología, es de hecho el escenario incuestionable en los orígenes del género Homo y en particular del Homo sapiens. Desde que la hipótesis Out of Africa se vio respaldada por las evidencias genéticas y paleontológicas, Asia pareció quedarse en un segundo plano, el multirregionalismo estaba “herido de muerte”, y toda aquella visión una humanidad actual con diferentes orígenes se derrumbaba a medida que quedaba demostrado que nuestra especie (Homo sapiens) había poblado todo el planeta en sucesivas salidas migratorias desde el continente Africano.
La genética sugiere que los primeros seres humanos se dispersaron desde África hace unos 70.000 años, colonizando rápidamente el sudeste de Asia y Australia, poco después y en torno a hace 40.000 años, se produciría una segunda oleada de la que en teoría descendería la gran parte de los linajes hoy reconocibles de Asiáticos y Europeos (típicos). Pero Asía aún guardaba algunos secretos, Out of Africa planteaba una sucesión imparable de humanos anatomicamente modernos barriendo del mapa a los Neandertales en Europa y Oriente medio, y a los Homo erectus en Asia.
Sin embargo las sorpresas no han dejado de llegar, primero nos sorprendimos cuando en la Isla de Flores descubrimos que una especie humana diferente a la nuestra y que convivió con nosotros hasta hace apenas 12.000 años , más tarde el equipo de Svante Päabo descubrió lo que hasta ahora sigue siendo un “homínido desconocido”, el hombre de Denisova, que guarda relación genética (por hibridación) con el linaje de los Homo sapiens que derivaron en los actuales pobladores de Australasia.
De Nessie y escrotos
Hace un mes que Nature cumplía 100 años. Toda una centuria arrojando luz en el conocimiento humano. Por ella han pasado artículos históricos, así de primeras se podría citar el descubrimiento de la doble hélice en la que se configura el ADN a manos de Watson y Crick en el ya lejano 1953. Pero, a pesar de todo, a la revista le han colado algún que otro gol por la escuadra. Y, de todos ellos, tal vez el más famoso de todos tenga que ver con el críptido más salao y majete de los que “pueblan” este planeta: Nessie.
La Vanguardia y vergüenza ajena

Reconstrucción del pseudo-hallazgo
Ahora que ya me siento idiota por explicar semejantes obviedades, destapemos la noticia. Según el diario “La Vanguardia” han encontrado una cueva con escrituras y huellas. Y que eso es la “prueba de que coexistieron”. Lo peor de todo es que La Vanguardia se haga eco de semejante noticia con un titular como “Humanos y dinosaurios habitaron juntos”. Sólo les ha faltado poner una imagen de la casa de Pedro Picadiedra con el pie de foto “reconstrucción del hallazgo”. La Vanguardia, tu antes molabas.
ACTUALIZACIÓN: El artículo original habla del interés de los habitantes de esta zona por las icitas, a las que consideraban relacionadas con flores de loto. La coexistencia es con las icnitas ya formadas, y la pifia es 100% periodística.
Referencia: Xing, L.D., Mayor, A., Chen, Y. 2011. Lianhua Baozhai (Lotus Mountain Fortress, Qijing County of Chongqing City): direct evidence of co-existing ancient Chinese and dinosaur tracks. Geological Bulletin of China, 30(19): 1530-1537.
Dinosaurios voladores

Los pterosaurios NO SON dinosaurios.
Si la idea de dinosaurio acuático está muy incorrectamente arraigada a los reptiles marinos mesozoicos, la de dinosaurio volador lo está más aún. En multitud de libros infantiles (que son la imagen que el público general tiene de los dinosaurios) aparecen los pterosaurios como “dinosaurios voladores”, y tal vez sea esta la causa por la que personas como mi padre siempre les dice dinosaurios por mucho que le explique que no lo son. Y es que los pterosaurios están muy emparentados con los dinosaurios, siendo junto con los cocodrilios los tres grupos que se incluyen en el gran clado Archosauria, y además da la coincidencia de que tanto dinosaurios como pterosaurios vivieron en la era mesozoica y se extinguieron hace 64 millones de años. Sin embargo, ningún dinosaurio desarrolló un dedo larguísimo para sujetar una membrana de piel y volar, pues a los reptiles que desarrollaron estas alas se les llama pterosaurios.
Entonces, ¿existió algún dinosaurio (no aviano) que pudiera volar? La repuesta es sí.
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