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100 idiotas
Dedicado a todos los madrileños que deben soportar estoicamente a toda una manada borreguil de grupis fanáticos.
¡Un ornitorrinco indignado!
La siguiente historia está basada en hechos reales… bueno, más o menos. Leer el resto de esta entrada »
Emys needs you
En los últimos años todo se ha puesto en contra del galápago europeo (Emys orbicularis). Por un lado, al vivir en marjales costeros su hábitat era una codicia pieza dentro de la vorágine urbanística de la pasada década, algo que la actual crisis ha, como mínimo,paliado, la contaminación del agua también ha jugado en su contra, pero lo que de verdad le ha dado la puntilla y ha agravado su situación ha sido, sin duda, el desplazamiento ecológico por parte de la foránea tortuga de Florida (Trachemys scripta elegans). Leer el resto de esta entrada »
Crónicas urodélicas (III): los otros
- Celtedens megacephalus. Fuente: Wikipedia.
Como ya se vio en la primera entrega de las Crónicas Urodélicas no todo lo que parece una salamandra lo es. Se comentó lo fácil que puede ser para alguien poco puesto en el tema el confundir a un urodelo con un lagarto. Y todo por que ambas formas conservan el plan corporal ancestral de los tetrápodos: cuerpo alargado con cuatro extremidades, rematado en una larga cola. Obviamente en el registro fósil hay cientos de ejemplares hallados con esta forma “lagartoide”. Por supuesto, estos casos se dan con lagartos de muy diferentes estripes así como con anfibios prediluvianos. De éstos últimos existe un grupúsculo un poco problemático en este aspecto. Pertenecientes al clado de los lisanfibios*, es tal el parecido con salamandras y tritones que el nombre que se les ha otorgado pone de manifiesto esta condición. Hablo de los alocaudados, traducido al castellano sería algo así como los caudados diferentes o los otros caudados (del griego “allos-”, diferente). Este clado solo incluye a una única família, los albanepertodóntidos, y de hecho es así como se los refiere en los círculos científicos.
Viviendo del vecino

Anomalocaris canadiensis, considerado como el primer gran depredador de la historia. Dibujo de John Sibbick.
Hace algo más de 500 millones de años, en un periodo de la vida conocido como Cámbrico, supuso un momento crucial en la historia de la biosfera, como mínimo a la parte de ésta de carácter pluricelular. Se suele situar ese momento como el nacimiento de la depredación, de la incesante lucha por la vida en la que estamos involucrados (en mayor o menor medida) todos los seres vivos. Antes de ese momento disponemos de fosiles de cuerpo blando de difícil asignación y de afinidades inciertas, de hecho se ha especulado que todas estas formas fósiles, conocidos como vendobiontes, sean incluso un intento fracasado de vida pluricelular totalmente indepediente de todas las plantas y animales de hoy en día. A partir de ese momento ya encontramos retos de seres con cuerpos duros, ya sea mediante esqueletos internos o externos, se produce lo que se conoce como “explosión cámbrica”. Como ejemplo típico de esta revolución cámbrica se suele citar al yacimiento canadiense de Burguess Shale. En contra de los que mucha gente cree no es que la vida apareciera en ese instante, sino que es en ese momento en el que la conservación de estas antiquísimas formas de vida se facilita enormemente por las nuevas estructuras de reciente aparición.
Gran Hermano animal

- Macho de sapo partero (Alytes obstreticians) portando la típica masa de huevos. Esta época del año es muy fácil escucharlos atrayendo a la hembra.
La llegada de las buenas temperaturas significa que la gran mayoría de especies se encuentran inmersas en un trepidante afán reproductor, y, posteriormente, su consecuente cría de la descendencia. Con esto aumentan enormemente las posibilidades de ver especies que de otra forma es prácticamente imposible no solo ver, sino también escuchar. Esto es especialmente patente en, por ejemplo, anfibios o aves. Ahora en horario crepuscular/nocturno en cualquier masa de agua es muy fácil escuchar a multitud de batracios machos intentando atraer a hembras con sus monóticos cantos, mientras que en la misma zona las aves llamarían la atención al sexo contrario durante el día.
El zebro, ¡ese gran desconocido!
Curiosa disciplina es la toponimia. Normalmente hace referencia a particularidades físicas del lugar o, en otras muchas ocasiones, el nombre de un lugar deriva de la abundancia de una planta o animal, o en su defecto su presencia singulariza el lugar. Abundan nombres por toda la geografía hispana como: El Rebollar, El Malvinar o La Buitrera. Esta peculiaridad brinda la posibilidad a cualquiera de hacerse una vaga idea de la fauna presente en un lugar hasta no hace tanto tiempo. En este sentido, una serie de topónimos han sido el punto de partida de el enigma zoológico ibérico por excelencia, el caso, aún no cerrado, del zebro. Leer el resto de esta entrada »
Rio y la triste realidad
Hoy es viernes y eso significa que las distribuidoras cinematográficas estrenan nuevas películas en la cartelera. La mayoría serán bodrios incomestibles o, como mínimo, de difícil digestión. Así pues una nueva película de animación llega a los cines españoles. Rio, como así se titula el largometraje, trata sobre la búsqueda de pareja de Blu, un loro que viaja a Rio de Janeiro (Brasil) al descubrir que es el último macho de su especie. El tráiler tiene muy buena pinta y promete risas, el pasar un más que buen rato y algún que otro momento de ñoñería innecesaria. Pero desgraciadamente detrás de Rio se esconde una más que triste realidad.
Sin lugar a la más mínima duda Rio es un guacamayo de Spix o ararinha azul (Cyanopsitta spixii), un loro de tamaño mediano de un intenso plumaje azul y pequeña porción de carne negra desnuda alrededor del ojo y el pico, vive en ciertas partes del estado brasileño de Bahía. Mejor dicho se extendía, por que no se conocen ya ejemplares en libertad de esta especie.
Y Perséfone regresó

El rapto de Proserpina de Rembrandt. Prosarpina es el nombre romano para Perséfone. Fuente: Wikipedia
El nuevo Catálogo Español de Especies Amenazadas

Tritón de Montseny (Calotriton arnoldi), endemismo catalán catalogado como "En Peligro de Extinción". Foto propiedad de Escurçó (http://www.flickr.com/photos/herpeto/)
Corría principios de septiembre cuando finalizó el periodo de alegaciones del Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, para el desarrollo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y del Catálogo Español de Especies Amenazadas. Una jugada mezquina por parte del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino ya que todo este proceso, obligatorio según la legislación vigente y vitalmente necesario para un proceso democrático sano, se desarrollara, casualmente, en pleno mes de agosto. Y todo para enmascarar las sorprendentes descatalogaciones que se produjeron en el catalogo.
Crónicas urodélicas (II): Origen
Texas, hace 290 millones de años (principios del Pérmico). Entre la vegetación riparia corre un pequeño animal de unos 11 centímetros de longitud. De repente de entre la maleza sale volando un insecto, en concreto un palaeodictyoptero. Nuestro protagonista no se lo piensa dos veces y sale disparado tras él, pues el hambre aprieta. Es en este momento cuando podemos apreciar lo interesante que llega a ser este animal, estamos pues delante de aquel que los hombres conoceran como Gerobatrachus hottoni (1). Una auténtica preciosidad de forma transicional, puesto que combina de forma excepcional rasgos esqueléticos de los urodelos (recordemos: salamandras y tritones) y de los anuros (ranas y sapos). Cuando no dispones de restos fósiles que corroboren el momento aproximado de divergencia entre dos especies o grupos animales puedes utilizar una curiosa técnica de análisis genético conocida como relojes moleculares. El principio en el que se basa es sencillo, suponiendo una tasa de mutación genética constante (y obviamente conocida) se puede establecer el momento de divergencia entre dos cadenas de ADN comparadas. Una vez obtenido el resultado hay que manejarlo con cuidado y esperar que el bendito registro fósil lo corrobore o lo desestime. Dentro de la paleontología existe cierto debate entre partidarios y detractores acerca de la fiabilidad de esta técnica. En el caso de los anfibios Gerobatrachus adelanta* el momento de separación entre urodelos y anuros situándola en el Pérmico Medio (1), en vez de finales del Carbonífero tal y como se obtenía mediante técnicas moleculares. Es más, Gerobatrachus arroja un poco luz sobre el incierto origen de los 3 grupos de anfibios vivos (conocidos como lisanfibios): urodelos, anuros y gimnofiónidos o cecilias. La idea que gozaba de un mayor consenso era la de un origen común de los tres, siendo la divergencia más reciente entre urodelos y cecilias durante algún momento de Jurásico. Gerobatrachus tiró por los suelos esa idea. El estudio filogenético (1) que acompañó a su descripción no solo demostraba el origen común de ranas y salamandras, es decir, serían un grupo hermano, sino que además demuestra que las cecilias tienen un origen distinto a los anteriores. Por tanto, de resultar correcto, lisanfibia no sería un grupo natural y, por tanto, no es un grupo válido. De esta forma tenemos que anuros y urodelos descanderían de los anfibios temnospóndilos, mientras que las cecilias lo harían de los lepospóndilos. Leer el resto de esta entrada »
Hembra por huevos
Hoy es uno de esos días en los que la paleontología mola mazo. Una de las incertidumbres que tiene esta ciencia es el desconocimiento del sexo del individuo fosilizado y, por tanto, no saber si las diferencias que se aprecian entre dos ejemplares son debidos a pertenecer a especies distintas o, por el contrario, al dichoso dimorfismo sexual, es decir, las variaciones fenotípicas entre el macho y la hembra de una misma especie. Esto puede ser tan sumamente acusado que incluso pueden llegar a considerarse especies distintas. Tal vez el caso más extremo sea el de los rapes de profundidad (suborden Ceratioideos), donde el macho no es más que un triste feto sexualmente maduro que vive pasasitando a la hembra. Incluso el dimorfismo sexual se puede apreciar en los seres humanos, eso sí poco acusado. De hecho el hombre es más lato, robusto y fuerte que las mujeres.
Bueno a lo que ibamos. Por desgracia, salvo honrosas excepciones, los tejidos blandos no se conservan en el registro fósil. De nuevo el notición viene, como no, de China. ¡Qué sorpresa se llevarían los autores al comprar una laja con la impresión de un pterosaurio a un granjero local! Y es que en ella, ¡aparecía un huevo entre las piernas del pterosaurio! Con este dato se puede llegar a una fácil conclusión. Ya que en todos los animales las hembras se encargan del parto, o de la ovoposición en su defecto, estamos ante el primer ejemplar indudablemente femenino que conocemos. Perteneciente al género Darwinopterus (Jurásico Medio) difiere del macho en no presentar ningún tipo de cresta craneal, así se confirma una vieja idea al menos en este género, y las caderas son ligeramente más anchas en las hembras, presumiblemente para facilitar el paso del huevo durante la puesta. Por su parte el huevo difiere del de los dinosaurios y, por tanto, del de las aves, ya que es más parecido al de los reptiles actuales. Por ejemplo carece de la típica cubierta protectora de carbonato cálcico que llamamos cáscara, disponiendo en cambio de una membrana protectora blanda similar a la de los lagartos y lagartijas. La relación entre las masas del ejemplar adulto y la del huevo es relativamente baja. Los autores han supuesto un peso del huevo durante la puesta de aproximadamente unos 6 gramos y de 11 en el momento de la eclosión. Así pues el pollo tendría un peso de 5 gramos que, si los comparamos con los supuestos 110-220 gramos de masa adulta, quedan bastante irrisorios. Dado que estos huevos carecen de cáscara dura la puesta debería de hacerse enterrándolos en suelos húmedos, tal y como hacen las especies actuales que en la actualidad presentan el mismo tipo de huevos. Por cierto, como simple curiosidad, este es el cuarto huevo de pterosaurio que se conoce. Leer el resto de esta entrada »











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